Cuenta tu madre que tus primeros pares de banderillas fueron en el salón de tu casa, con dos años. ¿Recuerdas cual fue el primero en una plaza de toros?
En público, quizás en las fiestas de Sierra Nevada a alguna vaca, si es que a eso se le podía llamar banderillear. De pequeño recuerdo que era una parte de la lidia que me llamaba mucho la atención y en esa época estaba Víctor Mendes, El Soro, Pedro Castillo, Esplá… Me gustaba mucho y si en una feria a la que iba había una corrida de banderilleros no me la quería perder nunca. Me ha gustado siempre la lidia completa. De chiquitillo banderilleaba a todo lo que hubiera en mi casa, ya fuera el perro, una silla, el sofá…aunque fuera con las manos.
¿Cuándo decides que las banderillas sean una parte fundamental de tu tauromaquia?
Nunca lo he decidido. Cuando jugaba al toro, ya le hacía la lidia completa y cuando empecé a torear en serio, igual.
¿Cuáles fueron tus fuentes?
Sobre todo, El Soro, por su variedad y conocimiento de los terrenos, y Víctor Mendes por su pureza. Me gusta ver a los actuales, pero también tener mi propio punto de vista, seguir trabajando los pares a mi manera y sacar lo mejor de mí.
¿Cuál es el secreto de un buen par de banderillas?
Ser capaz de que la gente se emocione en el tendido. Hay días en que no se ponen las cosas fáciles y cuando eso ocurre tratamos de que esa chispa salte.
¿De que color te gusta vestir tus banderillas?
Siempre me ha gustado que lleven los colores de la bandera de España, de Andalucía, y últimamente azules y blancas, ya que el azul es mi color preferido. No las pongo enteras azules porque quedarían un poco sosas.
¿Qué has logrado aportar a este tercio?
Quizás sacarlo un poco del baúl de los recuerdos y darle variedad. Que sea una parte de la lidia que la gente vaya a ver, del que estén pendientes. Es muy bonito que los más jóvenes te vean, te pregunten, que quieran banderillear como tú….
¿Qué consejo le darías a esos chicos?
Que le echen afición y horas al carro
El conseguir ese nivel tan alto, ¿en qué te ha beneficiado y en qué te ha perjudicado?
Le debo mucho a las banderillas y si he conseguido algo es gracias a ellas, pero también he hecho méritos con otras cosas y se me ha valorado menos. Soy de la opinión de que todos los toros se pueden banderillear. Lo que ocurre es que todo el repertorio que he conseguido no se puede aplicar a todos ellos. He logrado banderillear al noventa y cinco por ciento de los toros con éxito y pegar veinte muletazos a otro noventa y cinco por ciento. Cuando consigues un nivel muy alto con las banderillas y luego das con un toro colaborador y que aguante no hay problema y no se nota tanto la diferencia, pero cuando el toro sólo ha durado en banderillas, ahí está lo malo y cuesta mucho trabajo.
Cuando lees en una crónica que sólo se habla de tus banderillas, ¿qué se te pasa por la cabeza?
Da rabia, porque hay gente que sólo quiere ver eso y yo desde que sale el toro lo paro con el capote y lo llevo al caballo bastante variado, le hago quites; con la muleta la inmensa mayoría del público ve algo siempre y luego, de vez en cuando, lo mato bien. No se dan las orejas por un tercio de banderillas.
¿Qué es en lo primero en que te fijas cuando vas a ejecutar un par?
Depende del día y de las condiciones toro, aunque lo que es seguro es que voy a dar lo mejor de mí para que la gente disfrute.
Oí decir en una ocasión al maestro Esplá que no se deberían banderillear por sistema a todos los toros. ¿Tú que opinas?
No todos los toros se pueden banderillear bien. Hay toros prácticamente imposibles, pero en mi tauromaquia no cabe, cara a la gente, la posibilidad de dejar a un toro sin banderillear. Hay que buscarle las vueltas de una forma u otra.
¿Cómo es el entrenamiento?
Lo único que hace falta es afición, ilusión y echarle horas, ya sea en el carretón o en el campo. Siempre hay que tener las banderillas en la mano.
Eres el precursor del temple en banderillas. ¿Cómo lo definirías?
Me gusta. Me siento cada vez mejor, al igual que pasa con el capote y la muleta. Cuando corro hacia atrás, le cojo el ritmo al toro y después de clavar un par consigo que el toro vaya atemperándose hasta que quiero, y se pare, es muy bonito. Lo he conseguido con la gran mayoría de los toros, no con todos, y cuando lo haces te sientes muy bien contigo mismo.
¿Cuántas veces le has perdido el respeto a los toros con las banderillas?
Gracias a Dios, para las veces que lo he hecho demasiado poco he cobrado, aunque me han dado alguna que otra paliza. Siempre se aprende y sirve para demostrar que esto no es tan fácil. Lo que pasa es que una vez que te calientas, lo ves tan fácil, tan fácil, que le pierdes el respeto y te pueden destripar.
¿Qué ha supuesto para ti salir de los carteles de banderilleros?
Supuso mucho entrar en una época de mi carrera, pero tampoco tuve la ilusión de seguir en ellos. Fue arriesgado, por otra parte, cuando quise otro tipo de carteles, porque suponía renunciar a bastantes corridas para las que me habían llamado.
¿El mejor y el peor par de banderillas?
Tengo un amplio repertorio de buenos pares, sobre todo los que he logrado con toros fuertes, a los que les he ganado la pelea. El peor fue a un toro de Alcurrucén en Bilbao el año pasado, al que tuve que ponérselos como fuese.
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